Transformar la forma en que comemos puede salvar millones de vidas y al planeta. Así lo señala el nuevo informe global de EAT-Lancet que revela que los sistemas alimentarios son la principal causa de daños ambientales y que cambiar las dietas podría prevenir hasta 15 millones de muertes prematuras al año.
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La Comisión EAT-Lancet 2025 presentó su esperado informe sobre “Sistemas Alimentarios Saludables, Sostenibles y Justos”, considerado el análisis científico más completo hasta la fecha sobre cómo producimos y consumimos alimentos. El documento concluye que los actuales sistemas alimentarios no solo impulsan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, sino que también profundizan las desigualdades sociales y económicas a nivel global.
Copresidida por Walter Willett, Johan Rockström y Shakuntala Thilsted,la Comisión reúne a más de 70 expertos de seis continentes, en un momento científico decisivo para los sistemas alimentarios y un llamado a la acción para un futuro saludable, justo y más habitable.
El estudio advierte que la producción y consumo de alimentos representan alrededor del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero y son responsables de transgredir cinco de los nueve límites planetarios. Incluso en un escenario sin combustibles fósiles, la forma en que comemos podría llevar al planeta a superar el umbral crítico de 1,5 °C. Asimismo, menos del 1% de la población mundial vive hoy en un “espacio seguro y justo”, donde se respetan los derechos alimentarios sin dañar los ecosistemas.
Entre los hallazgos más alarmantes, el informe destaca que el 30% más rico de la población genera más del 70% de los impactos ambientales vinculados a la alimentación, mientras que cerca de un tercio de los trabajadores del sistema alimentario no recibe un salario digno. Pese a que existe suficiencia calórica a nivel mundial, más de mil millones de personas permanecen subalimentadas.
Los expertos sostienen que transformar los sistemas alimentarios podría reducir a la mitad sus emisiones y generar beneficios equivalentes a 5 billones de dólares al año, al mejorar la salud pública, restaurar ecosistemas y aumentar la resiliencia climática. Entre las ocho soluciones propuestas figuran: promover dietas tradicionales y saludables, reducir el desperdicio de alimentos, mejorar las prácticas agroecológicas, garantizar condiciones laborales justas y proteger a los grupos más vulnerables.
El informe refuerza la evidencia sobre la “Dieta de la Salud Planetaria”, basada en una alimentación rica en vegetales, legumbres, frutas, frutos secos y cereales integrales, con un consumo moderado de productos animales y un bajo nivel de azúcares, grasas y ultraprocesados. Según la Comisión, este modelo alimentario no solo es saludable, sino también adaptable a distintas culturas y contextos. El mensaje es claro: transformar lo que comemos y cómo producimos los alimentos es esencial para asegurar un futuro sano, justo y sostenible para todas las personas y para el planeta.
Basándose en el informe histórico de 2019, se ha elaborado lo siguiente:
- Revisa nueva evidencia sobre los sistemas alimentarios en los ámbitos de la salud, el clima, la biodiversidad y la justicia.
- Actualiza la Dieta de Salud Planetaria, mostrando cómo las dietas ricas en plantas y culturalmente adaptables pueden beneficiar a las personas.
- Evalúa el impacto de los alimentos en todos los límites planetarios, incluidas las emisiones, el uso de la tierra y el agua dulce.
- Introduce un modelo global para mostrar cómo podemos alimentar a 10 mil millones de personas dentro de los límites ambientales.
- Pone la justicia en el centro: desde salarios justos hasta acceso a alimentos saludables.
- Identifica ocho áreas de solución para guiar la transformación de los sistemas alimentarios
Material gráfico para compartir el EAT Lancet 2025















